Encanto nocturno

Encanto nocturno

Los vecinos deben pensar que estoy loco. Los pájaros de seguro piensan que estoy loco, aunque mi relación con ellos sea más sólida que mi vínculo con los vecinos. Debe ser porque en mi casa hay luz a toda hora, debe ser por la música rara, por los bailes, por las salidas al balcón a fumar, a mirar la luna, a tomar el aire, a oír el pulso opaco de la ciudad, a pasear la vista por las ventanas con sus luces apagadas.

Es que durante la noche es cuando se puede estar tranquilo. Es después de la caída del sol cuando me vienen las mejores ideas, cuando descorcho los más nobles vinos, cuando preparo las más balanceadas comidas, cuando suenan los más delicados acordes. Cuando las calles duermen me invade una sensación de poder, me siento el dueño y señor de todo, me imagino llevando la delantera por sobre los ciudadanos que quizás descansen o tomen una ducha, por sobre los que leen o miran la televisión, sobre los que ya están hace horas en los dominios de la lira, en la tierra de las termitas interminables y las polillas que lo devoran todo porque están en lo mismo que yo.

Tengo tantos amigos artistas, y he perdido otros tantos que se dedican a la música, a las labores creativas, aquellos que son aparentemente dueños de su propio tiempo y empresa, los que no tienen horarios ni cosa parecida. Todos coinciden con mi punto de vista. Ellos funcionan mejor en las horas en que ya no suena el teléfono ni las bocinas, cuando no entran correos ni malos pensamientos. Qué será lo que tiene la noche que es tan encantador. Pájaros nocturnos y aves tempraneras son elementos necesarios de una manada segura, porque entre ellos se reparten los roles de vigilancia, es una cosa que viene desde las cavernas, un mecanismo de protección. Son incompatibles pero no se matan entre ellos, allí radica la belleza. Será por eso que el ser humano ha llegado tan lejos.

Lo cierto es que la noche tiene esa calma dulce que se estira hasta la llegada ominosa de un nuevo día, es el sol el que me estresa con sus promesas de alarmas y atrasos, de trenes y aglomeraciones. Hay que adaptarse, no es posible ser tan paria. La solución es dormir menos, la meta es alcanzar una vigilia permanente o por lo menos abusar del fin de semana y estrujar la penumbra al máximo escribiendo, haciendo música o aprendiendo nuevas canciones, leyendo o escuchando versos que hablen de lo que sea. Hay que saber dar para poder recibir, esa es la consigna. Que levante la mano y arroje la primera piedra aquel que no entienda que no hay nada mejor para conciliar el sueño como la llegada del alba.

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cdittmann

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Christian Dittmann es diseñador gráfico, músico y escritor nacido en Santiago de Chile y residente en Berlín desde el 2013. Autor de novelas, poemas, ficción y anticipación.

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