Se volvió a caer de la pared el retrato tuyo. La foto esa que instalé con cinta adhesiva. He llegado a un punto en que soy capaz de presentir el momento cuando el pegamento reseco cede. Y lo deseo. Con cada uno de mis poros quiero que ese adhesivo afloje, que la cinta se separe de la pared dejando caer la foto que invariablemente acaba con tu cara mirando al suelo.
Creo que he llegado a percibir o cuando menos imaginar de la manera más vívida como si los átomos se aglomerasen en ciertas partes acumulando peso, y yo los incentivo en mis ideas para que hagan caer el retrato. A medida que el suceso se repite una y otra vez aquello me ayuda a pensar, a cuestionarme para qué necesito un retrato que siempre se cae, que nunca está ahí cuando yo deseo verlo. Para qué quiero yo esa foto en la pared. De qué me sirve la foto esa, la foto tuya. Qué me trae el retrato que una llamada o un correo no me puedan servir de manera más adecuada. Porque por teléfono sí que funciona la cosa. Como si nada, como si no hubiese tierra, aire y fuego de por medio en tal cantidad, separándonos. Le hablo al retrato para que sepas. Le pregunto en voz alta, con tono serio y a veces irónico por qué dejaste que la cosa llegase a este extremo. Por qué no me ayudaste a ayudarte cuando la ocasión lo ameritaba. Y cuando ya estoy comenzando a pensar que esto está bien, estando yo al borde de domesticarme con la figura de tu allá y yo aquí, es en ese momento justo cuando la cosa se despega por milésima vez para caer nuevamente al suelo.
Y que sepas que no he hecho esfuerzo alguno por arreglar el adhesivo. Ni siquiera he llegado a pasarle la lengua para que se humedezca algo, esa fue una idea que tuve en la ducha. Como todas las ideas en la ducha es excelente, pero no para mí. No esta vez, no así. En adelante al salir dejaré la ventana abierta aunque nieve o truene, lo haré por si algún viento o algún pájaro entran decidiendo llevarse el retrato, nada más es cosa de tomarlo del suelo y salir con él de la forma más conveniente. En adelante saldré cada día no con la esperanza pero sí con la idea de que al volver a casa ya no veré tu foto. Entonces saldré al balcón, intentaré mirar hacia arriba o hacia donde sea en busca de respuestas, porque sé que habrán bastantes preguntas, y como siempre me distraeré pensando en las nubes.