El proceso de edición

El proceso de edición

Bendiciones. El libro está terminado. Remontamos el viento y la marea, nos sacudimos los fantasmas y llegamos al puerto doloroso e invisible con el que soñamos desde el primer párrafo. La escritura es hiriente y el pesar acompañado con imágenes se arraiga. Allí están esos espectros, los escenarios, los personajes, sus acciones. Se sabe que tarde o temprano hemos de lidiar nuevamente con ellos, es un paso inevitable.

Leer un libro. Leer un libro que nosotros mismos escribimos. Leerlo diez veces. Terminar de escribir es comenzar el viaje del libro. Un enunciado que se antoja ajado, manoseado, pero encierra un manojo de verdad. Disciplina veleidosa cuyo comienzo exige un esfuerzo visceral, una tarea maratónica para alcanzar siquiera la línea de partida. Hemos parido un libro, esa es la verdad. Hemos descargado el texto desde la nube, desde la fuente misma de la literatura en el reino de lo etéreo, hemos mojado las manos en las aguas de nuestro tiempo, y compartimos cosas en común con escritores y grandes escritores que están en lo mismo que nosotros. El primer borrador es la historia que el autor se cuenta a sí mismo, y a partir de él toca esculpir una obra. Hay que domesticarlo, hay que refinarlo y vestirlo de gala.

La edición puede ser un aderezo o un cambio en la carta. Editar puede significar replantearse, enderezar los caminos, trazar nuevos arcos, amarrar cabos sueltos, reescribir lagunas enteras, modificar la epopeya y deshacerse de calles sin salida. Editar trae consigo la mejora en el fondo y en la forma, los cambios cosméticos, la poda de cacofonías y la búsqueda de la armonía en la gramática. Corrección ortográfica y cambio de tono. Hay autores que someten el borrador a cambios impensables que son dolorosos pero necesarios, hay unos que se fijan en lo invisible y otros que eligen lo evidente. En mi caso, yo escribo todos los días o casi cada uno de los días del año, por lo mismo cuando llega el momento de la edición tengo la historia aún tibia en la mente y sé bien qué es lo que quiero cambiar y qué es lo que hay que conservar.

Debe ser una tarea imposible el volver a un libro después de meses o semanas, debe ser una cosa de locos aplazar lo inaplazable, eso es lo que pienso. Lo mejor es leer en voz alta, porque así se conoce la música, y si los párrafos no invitan al baile estamos mal. Un libro se edita una sola vez, ese es el escenario ideal. Pero eso es una quimera, porque profundas son las aguas de la edición y no te das cuenta sino hasta cuando ya tienes el agua al cuello.

Algunos próceres prescriben no detenerse en las correcciones hasta alcanzar el gozo en cada palabra, eso es un lujo que se conquista con el tiempo y con el oficio. Se puede editar hasta la eternidad, es un proceso de virtualmente nunca acabar. En algún momento hay que tener el temple para saber detenerse. Conocer los propios límites, decidir poner el punto final. De ahí en adelante lo mejor es olvidar, limpiar la cabeza y pensar en el futuro, contar nuevas historias. De eso vivimos los escritores.

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cdittmann

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Christian Dittmann es diseñador gráfico, músico y escritor nacido en Santiago de Chile y residente en Berlín desde el 2013. Autor de novelas, poemas, ficción y anticipación.

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