Crítico de arte

crítico de arte

El arte es algo que no sé cómo describirlo. Primero porque no es necesario, eso se lo dejo al viento, se lo dejo a los dedos en llamas y las teclas rotas, queda reservado para aquellas figuras tristes que deben convertir en frases esa parte del laberinto que realmente es intocable. Segundo porque quién soy yo para ponerle palabras al sufrimiento de otro colega artista. Léase creador. Léase emancipado. Léase inestable de la inestabilidad misma en lo moral, lo económico, lo emocional y lo pagano. Dígase.

A mí el proceso creativo me duele, y desde hace un tiempo ya sé por qué es que duele. Es que logré bajar la rutina desde los campos floridos de lo abstracto y la convertí en una figura, en una sucesión de fotogramas. Me imagino aquella oscura hora en que los funcionarios de la dinastía negra durmieron al primer hombre echándole encima un manto de oscuridad y luego le escarbaron un costado para extraer la carne viva. De allí salió la verdadera sanadora y dadora de vida. Durante el proceso también se escapó el espíritu. 

Así mismo es como veo, tal cual es como siento el proceso creativo. Le podemos quitar la oscuridad, es posible difuminar a los agentes e incluso añadir nubes rosadas de tormenta. El escenario tiene de todo: Suspenso, tensión, sangre, carne desnuda, un racimo de villanos y un protagonista que se puede ir al carajo en cualquier instante pasando sin pena ni gloria. Ahora toca tender un cable a tierra. Si mi proceso creativo es así de frágil y sanguinoliento por qué no el de otros, por qué no el de tantos. El crear como un motor, como un puente hacia alguna parte, como amputar una pieza de lo transparente. Cómo quieren que eso sea algo descriptible. En qué pie queda aquel que intente apropiarse de un momento tan íntimo como un parto, como una cópula, como un llanto sincero.

Por eso es que no tengo idea sobre cómo describir el arte y me parece una disciplina en la vecindad de la brujería aquella de los críticos, de los comentaristas de arte. Ellos tienen sus herramientas, tienen un cajón cual cesto de manzanas. De allí van cogiendo las frutas con la mano y usándolas van enjaulando al artista y a su obra. A menos que ellos mismos caigan en el arte propiamente tal, a menos que sin saber o sin poder evitarlo se contagien por el embrujo y ellos solos creen un texto o den pie a unas palabras que se note que duelen, que se note que se las lleva el viento y la marea, que se note que nacieron en la ceguera y tantas cosas.

Por eso es que uno admira lo desconocido, el jardín ajeno, la otra ribera del río. Por eso es que yo no intento describir el arte sino tan solo lo que me provoca, porque yo mismo la mayoría de las veces no tengo idea de lo que estoy hablando.

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cdittmann

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Christian Dittmann es diseñador gráfico, músico y escritor nacido en Santiago de Chile y residente en Berlín desde el 2013. Autor de novelas, poemas, ficción y anticipación.

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