Algo está cambiando. Se nota en las cosas que las personas no dicen, se nota en las nubes, en el cielo, en las calles tan raras, en todos lados. He descubierto que la mejor estrategia es quedarse junto a un semáforo o un paradero de buses, quedarse allí esperando, esperando que cante algún pájaro, esperando que alguien diga algo raro, esperando que pase un zorro o dos carros de bomberos juntos.
Ya nadie soporta a nadie, ya nadie cree en nada, ya nadie tiene opinión propia. Para eso estoy mucho mejor acompañado de un buen libro o de un plan infalible. Se nota que las cosas cambian cuando todos parten, cuando vuelve el silencio y la soledad tan preciada, para mí es tan valiosa como los rayos del sol. Se nota que algo está cambiando porque ya no tengo ganas de decir nada, porque no quiero hablar con nadie, porque todo está saliendo bien hace rato. Ese es el tipo de balance que a mí me gusta, eso es lo que me agrada cuando en la ciudad no se sabe quién viene ni quién va, cuando el invierno está jugando a ser primavera, cuando los cuervos llegan pidiendo de comer.