A los golpes

A los golpes

La vida funciona así. A los golpes. Cuando se trata de las grandes ligas, de los momentos destacados, de las inflexiones, de los estadios decisivos, de las situaciones candentes, ya me entienden. Cuando se trata de lo interesante y lo importante la vida funciona a golpes. En un segundo cambia la vida de una persona. En un minuto se conoce a aquel que nos va a dar en bandeja de plata la oportunidad para salir del círculo. En un soplo aparecen el mentor o el maestro. En un suspiro se pierde la vida bajo las ruedas de un tren. En un instante cambia el destino, se comete un crimen, o se es víctima de un accidente. De un segundo a otro se botan las cadenas, se alcanza la claridad, se vislumbra el vacío, se entiende que hay que dejar atrás a las personas o a las actitudes que nos dañan. Es instantáneo. Te das cuenta en nada de que vives a la sombra del maldito, o que eres un espíritu llevando dentro de sí todo lo que es, ha sido y será.

El entendimiento y la iluminación llegan a una velocidad vertiginosa. De allí en adelante veremos si es que vamos a ocupar la misma celeridad para seguir el camino, para librarnos del lastre, para caminar hacia la fortuna y la disciplina. Esa es una historia totalmente distinta. Mencioné al maestro, al mentor. Éstas son oportunidades que entrega la vida, como una piñata caminando hacia nosotros, hay que darle de a palos, y rápido. Cuando estos salvadores nos ven saltar con celeridad, nos acogen bajo su tutela. De lo contrario pasan de largo, porque no van a tirar margaritas a los cerdos, no van a intentar cambiar a quien no puede ver un palmo más adelante de sus narices. Para qué. La fortuna y la desgracia vuelan veloces, y hay que ser rápidos para bailar usando los pasos adecuados. Esa es mi opinión.

El empantanarse es tanto físico como mental. Quedarse en la cama, no invertir ese dinero, no iniciar ese emprendimiento, no entablar conversación con aquella persona. No comprar el boleto del tren o de la lotería, no cambiar ese vuelo que iría a terminar en el fondo del mar. También está el instinto, por qué no usarlo. Cada vez que le llevo la contra a mi instinto las cosas salen mal. Cada vez que le llevaba la contra, porque a estas alturas del partido no me atrevo a ir en contra de los dictados de mis intestinos, porque ellos siempre me aconsejan de manera prudente, siempre me sirven de manera fiel. Si supieran pensar, quizás qué prodigios lograrían. Tal vez por eso mismo es que logran cumplir, porque no piensan, porque los intestinos son pura acción, porque ellos viven al compás del segundero, porque ellos sí que entienden de los golpes.

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cdittmann

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Christian Dittmann es diseñador gráfico, músico y escritor nacido en Santiago de Chile y residente en Berlín desde el 2013. Autor de novelas, poemas, ficción y anticipación.

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