Un miserable pasea por la campiña. Todo a su alrededor es magnífico y ajeno. Maravillosos campos bordados de flores, valles cubiertos de trigo y cebada. Quintas frutales que parecen abandonadas ofrecen un espectáculo de sueño. Las abejas revolotean y zumban en torno a los pétalos, los frutos maduros caen sobre la hierba y el brezo.
Que plácido se ve el terreno bajo la sombra de aquellos manzanos! Que jugosos se ven los frutos de esos perales! Que lindas y rojas se han dado las cerezas esta temporada! Los árboles de troncos retorcidos, las malezas repartidas por aquí y por allá, las flores de violetas y nomeolvides que agregan toques de luz entre la hierba, todo parece plantado por una mano rústica y mágica. En esta región se habla de presencias misteriosas. Cercos de alambres separan el camino de paños enteros de centeno y avena. Canales y setos enmarcan campos de alfalfa. Allí pastan animales con la piel brillante y la barriga llena. El sol está en lo alto y la comarca huele a miel y cereales.
Un gallo canta. El estómago del miserable caminante responde con un rugido. No ha probado bocado desde el alba y deambula sin rumbo porque no tiene nada que hacer, porque no hay ocupación para él en esta tierra. El hambre lo agobia, también la impotencia y el hastío de tanta prosperidad forastera. Un recodo del camino dibuja un arroyo de aguas mansas cantando discreto. El puente es de madera y bajo las tablas se forma una gruta que ofrece una pausa para tanto sol. El pobre se acerca en busca de agua, hay que entretener el estómago enfurecido. Se pone de rodillas y cierra los ojos para beber directamente de la corriente sin revisar los alrededores en busca de indicios, sin poner atención a la venida de intrusos.
Alguien susurra su nombre. Tal vez ha sido el viento, es posible que se trate de una triquiñuela del hambre. El campo luce tan glorioso que incluso tal cautivo de la miseria se rinde ante la voz de la creación. El vagabundo levanta la vista en busca de algo y vuelve a oír su nombre claramente. Esta vez no hay duda: Alguien lo está llamando. La voz viene desde abajo del puente.